Encajado entre las cumbres más altas del planeta, Nepal combina espiritualidad, naturaleza y aventura como ningún otro destino. Su capital, Katmandú, despliega un laberinto de templos, estupas y plazas medievales —Patrimonio de la Humanidad— donde el budismo y el hinduismo conviven entre incienso y campanas. Más allá de la ciudad, el valle se abre hacia Bhaktapur y Patan, joyas de la arquitectura newar, y hacia Pokhara, a orillas de un lago sereno con el macizo del Annapurna reflejado en sus aguas. Para quienes buscan el Himalaya, Nepal es la puerta a algunos de los paisajes más espectaculares de la Tierra. Un destino que se combina a la perfección con la India y Bután en un mismo viaje a medida.